viernes, 22 de junio de 2012

A más de 100 años del espíritu del Politeama.


En épocas tan difíciles como ésta, cuando ya la generación, hija de las pasadas y heredera  de sus actos , cae por su propio peso  a culpa de sus errores, la voz de Manuel González Prada (Lima 1848-1918), personaje célebre de nuestra historia, aún resuena  con  fuerza. A más de un siglo de su excelsa  prédica, lapidaria de toda una progenie  vencida y humillada durante la Guerra con Chile, el significado de su verbo, el valor de sus  ideas y, como lo afirmó una vez "El Amauta", el espíritu de lucha permanece puro para la juventud de ahora. El ideal de González Prada, representada en sus versos y prosas, se encuentra todavía vigente; las denuncias ante todo un pueblo en los discursos del  Politeama y el Ateneo cobran vida cada día con más fuerza.
Nuestros antepasados fueron testigos y a la vez víctimas de su propia pereza moral, así como  partícipes de una humillante derrota  producto de su misma clase política y de un  pueblo servilmente gobernado. El desastre ante Chile solamente fue la consecuencia final de un proceso marcado por un derrotero de caudillismo inútiles, deserciones   políticas, corrupción y derroche fiscal. El ideario de González Prada trasciende  el panorama existente de su época, la cual esperaba solamente una reconstrucción nacional a base de un continuismo  dado por las circunstancias: Prada  buscaba  una revancha contra el mismo espíritu que provocó el desastre nacional. No soñaba con un Perú libre de ataduras; buscaba  aquel Perú que fuera capaz de salir adelante y ser el forjador de su  propio destino, rompiendo definitivamente con el pasado.
Culpó de retrógrados e ineptos a la clase dirigente de su tiempo, pues aquélla llevó al país su declive; denunció  a los románticos de su época, incluyendo al ilustre Ricardo Palma, tildándolos de leguleyos amorosos y sensibles creadores de mitos que en nada apoyaban a la fatídica realidad; apostó por el positivismo y cientificismo, pues creyó firmemente que eran la base de un porvenir mejor en comparación a las naciones europeas de entonces; militó en las facciones anarquistas y radicales pues desconfió firmemente de la política de los gobernantes causantes de la derrota.
Hace más de un siglo se inició la reivindicación indigenista en un Estado que poco o nada había hecho desde su emancipación respecto a la cuestión del poblador autóctono: el indio. Es importante resaltar el pronunciamiento de Prada quien fue una de las primeras voces en reclamar y ensalzar  por una igualdad social. Debemos de tener en cuenta que  su prédica fue inspiradora para las generaciones venideras cuyo fruto se puede apreciar en las vidas de Mariátegui y Arguedas; la primera mitad del siglo 20 es testigo de esta transformación social, política y económica en favor del indígena. Hoy el panorama nacional, aunque cuente aún con fragmentaciones sociales, es distinto.  González Prada fue un conocedor de la realidad mundial, tuvo siempre en mente  los ejemplos  del extranjero en donde poco a poco se rompían las desigualdades  y se avanzaba a la modernidad: las naciones europeas  habían avanzado de un pensamiento feudal a uno moderno. En el Perú la existencia del gamonalismo y la servidumbre eran la tara que carcomía al indígena.
Hoy aunque su nombre sea desconocido por gran parte de la población, sus palabras y hechos siguen vigentes. La revancha contra el mismo espíritu que abatió a toda una generación está dada: guerras, conflictos sociales y políticos en aras de una nación fuerte y unida muestra sus frutos. La reivindicación hacia una raza  milenaria, fuerte y mítica está en su punto más fuerte. Se ha avanzado mucho desde entonces: inclusión social, participación  en la política,  grandes progresos económicos, creación de una sólida cultura, expansión en la capital, demuestran la mejora de los descendientes  de un pueblo que fue ignorado por años.
Han pasado más de 100 años desde que González Prada se paró en frente de una multitud de gente  rica y poderosa para dar  su famoso discurso en pro de un país desmoralizado por la derrota y dividido socialmente dejando en el olvido parte de  su ser.  El conocimiento sobre el discurso en el Politeama dejó es parte de la identidad nacional. Su lapidarias frases demuestran  el fervor  de un hombre que buscó lo mejor para su país en el peor momento de su historia, sin embargo sus ideales permanecen vivos el día de hoy. El discurso en el Politeama a pesar de su corta extensión es una muestra de sapiencia, amor por la patria,  conciencia nacional, y el deseo de un hombre por despertar en la juventud, "juventud que logrará lo que sus padres no lo hicieron", el deseo de grandeza para la nación. "¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!", estas palabras aún resuenan en el tiempo.