viernes, 18 de mayo de 2012

Anticonceptivos, Iglesia y moralidad.



                          
La información pública verídica,  por parte de entes estatales como privados, es una prioridad  en la política mundial. El conocimiento sobre los beneficios o perjuicios  de algún producto es materia general, la cual por ningún motivo debe ser manipulada.
La polémica por el uso de medicamentos anticonceptivos   -tema  totalmente cuestionado desde años atrás- vuelve a escena.  La anticoncepción oral de emergencia (AOE) nació como una alternativa  rápida y económica para los embarazos no deseados  teniendo, esta última, la opción del peligro abortivo como consecuencia; asimismo, el AOE se encuentra respaldado por cientos de estudios sobre  resultados a posteriori  que de ninguna manera atentan contra la vida.
Nos encontramos inmersos en un mundo hecho a base del conocimiento humano que gracias a la ciencia y la tecnología avanza superándose cada día más. Gracias a ella hemos encontrado explicaciones a sucesos que con anterioridad eran ignorados, así como nos ha facilitado el modo de vivir. ¿Acaso es prudente dejar de lado argumentos científicos  que demuestran la validez y seguridad, aunque no en un 100%, sobre el uso del AOE?  Aquí es donde emerge la oposición  hacia todo avance humano y en donde la Iglesia toma su papel. Quizás algunos o tal vez muchos piensen nuevamente que la Iglesia Católica, cuya predominancia en el mundo es evidente, sea otra vez en materia espiritual y "ética" la causante de disputas que buscan mermar u opacar los  descubrimiento y  beneficios de la ciencia. En este caso las investigaciones y la información demuestran  el impulso detractor de la religión oficial del estado que sin argumentos ni pruebas buscan confundir  el dictamen público.
Para Cipriani y su  legión de servidores,  la aceptación y   distribución  de la AOE por parte del Estado solo demostraría la decadencia moral de nuestra sociedad al intentar ser cómplice de un asesinato; sin embargo, caen nuevamente en una equivocación. Conforme siguen confiando en la aceptación de su Iglesia así como  la potestad espiritual que tienen sobre los millones de personas que habitan este planeta, ignoran  el principio de la fecundación  y el nacimiento de  un nuevo ser.
La ciencia ha aclarado conceptos como concepción e implantación, en donde se origina la vida; y sobre la  fertilización, basada simplemente en la fusión de los gametos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) da credibilidad a lo dicho pues basa sus informes e indicaciones en estudios realizados en distintos centros de investigación alrededor del mundo fundamentados en  altos  principios éticos.  La falta de argumentación y la carencia de un rigor científico  por parte de la Iglesia hace inviable sus demandas.
Haciendo un viraje a nuestra  sociedad, el costumbrismo  en la manipulación de información es una falta  que consumimos a diario. Si bien la aceptación o aprobación de el AOE se ve influenciada mayormente por las creencias religiosas la adulteración de  datos va en  contra de la ética profesional. El problema radica en la falta de consciencia social por parte de instituciones  y de los medios de distribución de la información, generando un temor colectivo  en la opinión pública cada vez más  reacia a usar métodos anticonceptivos.
Lo anterior sigue demostrando  nuestra falta de desarrollo y el atraso social en que nos encontramos. En distintos países del orbe las políticas a seguir son distintas y buscan la protección de las personas a base de información fidedigna y sin algún índole de adulteración.  En lugares donde el aborto está legalizado es posible encontrar una  venta informada de AOE la cual busca disminuir los embarazos no deseados en pro de socorrer a las mujeres con inclinaciones abortivas que podrían atentar  contra su vida.
El desenlace a esta larga historia descansa en dar solución y un camino libre para que el AOE pueda ser comercializado independientemente de cuestiones religiosas que alteran los contenidos sociales. Sin embargo, debemos aclarar que no todo medicamento es seguro ya que la efectividad de los AOE podría aun ponerse a prueba. Los estudios que aún siguen llevándose intentan demostrar la eficacia del producto o su alto riesgo para la salud -incluso llegaría  a parar la comercialización del producto si llega a ser nocivo para la mujer, demostrando un alto sentido de ética por parte de los mismos fabricantes -  por lo que es responsable afirmar una no completa eficiencia de la AOE.
Como opción ante embarazos no deseados  productos de la violación, así como malformaciones del feto antes de su nacimiento que en ambos casos atentaría contra la vida de la madre, sería conveniente. Pero eso sí: una información fidedigna y libre de manipulación. La Iglesia y demás detractores deberían basarse en los supuestos principios éticos y morales que ellos mismos defienden tanto. Como institución que  promueva la solidaridad social y  vigilante de la ética la Iglesia Católica  demuestra nuevamente su ineptitud.