La información pública verídica, por parte de entes estatales como privados, es una prioridad en la política mundial. El conocimiento sobre los beneficios o perjuicios de algún producto es materia general, la cual por ningún motivo debe ser manipulada.
La polémica por el uso de
medicamentos anticonceptivos -tema totalmente cuestionado desde años atrás-
vuelve a escena. La anticoncepción oral
de emergencia (AOE) nació como una alternativa
rápida y económica para los embarazos no deseados teniendo, esta última, la opción del peligro
abortivo como consecuencia; asimismo, el AOE se encuentra respaldado por cientos
de estudios sobre resultados a
posteriori que de ninguna manera atentan
contra la vida.
Nos encontramos inmersos en un
mundo hecho a base del conocimiento humano que gracias a la ciencia y la
tecnología avanza superándose cada día más. Gracias a ella hemos encontrado
explicaciones a sucesos que con anterioridad eran ignorados, así como nos ha
facilitado el modo de vivir. ¿Acaso es prudente dejar de lado argumentos
científicos que demuestran la validez y
seguridad, aunque no en un 100%, sobre el uso del AOE? Aquí es donde emerge la oposición hacia todo avance humano y en donde la
Iglesia toma su papel. Quizás algunos o tal vez muchos piensen nuevamente que
la Iglesia Católica, cuya predominancia en el mundo es evidente, sea otra vez
en materia espiritual y "ética" la causante de disputas que buscan
mermar u opacar los descubrimiento
y beneficios de la ciencia. En este caso
las investigaciones y la información demuestran
el impulso detractor de la religión oficial del estado que sin
argumentos ni pruebas buscan confundir
el dictamen público.
Para Cipriani y su legión de servidores, la aceptación y distribución
de la AOE por parte del Estado solo demostraría la decadencia moral de
nuestra sociedad al intentar ser cómplice de un asesinato; sin embargo, caen
nuevamente en una equivocación. Conforme siguen confiando en la aceptación de
su Iglesia así como la potestad
espiritual que tienen sobre los millones de personas que habitan este planeta,
ignoran el principio de la fecundación y el nacimiento de un nuevo ser.
La ciencia ha aclarado conceptos
como concepción e implantación, en donde se origina la vida; y sobre la fertilización, basada simplemente en la
fusión de los gametos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) da
credibilidad a lo dicho pues basa sus informes e indicaciones en estudios
realizados en distintos centros de investigación alrededor del mundo
fundamentados en altos principios éticos. La falta de argumentación y la carencia de un
rigor científico por parte de la Iglesia
hace inviable sus demandas.
Haciendo un viraje a nuestra sociedad, el costumbrismo en la manipulación de información es una
falta que consumimos a diario. Si bien
la aceptación o aprobación de el AOE se ve influenciada mayormente por las
creencias religiosas la adulteración de
datos va en contra de la ética
profesional. El problema radica en la falta de consciencia social por parte de
instituciones y de los medios de
distribución de la información, generando un temor colectivo en la opinión pública cada vez más reacia a usar métodos anticonceptivos.
Lo anterior sigue demostrando nuestra falta de desarrollo y el atraso social
en que nos encontramos. En distintos países del orbe las políticas a seguir son
distintas y buscan la protección de las personas a base de información
fidedigna y sin algún índole de adulteración.
En lugares donde el aborto está legalizado es posible encontrar una venta informada de AOE la cual busca disminuir
los embarazos no deseados en pro de socorrer a las mujeres con inclinaciones
abortivas que podrían atentar contra su
vida.
El desenlace a esta larga
historia descansa en dar solución y un camino libre para que el AOE pueda ser
comercializado independientemente de cuestiones religiosas que alteran los
contenidos sociales. Sin embargo, debemos aclarar que no todo medicamento es
seguro ya que la efectividad de los AOE podría aun ponerse a prueba. Los
estudios que aún siguen llevándose intentan demostrar la eficacia del producto
o su alto riesgo para la salud -incluso llegaría a parar la comercialización del producto si
llega a ser nocivo para la mujer, demostrando un alto sentido de ética por
parte de los mismos fabricantes - por lo
que es responsable afirmar una no completa eficiencia de la AOE.
Como opción ante embarazos no
deseados productos de la violación, así
como malformaciones del feto antes de su nacimiento que en ambos casos
atentaría contra la vida de la madre, sería conveniente. Pero eso sí: una
información fidedigna y libre de manipulación. La Iglesia y demás detractores
deberían basarse en los supuestos principios éticos y morales que ellos mismos
defienden tanto. Como institución que
promueva la solidaridad social y
vigilante de la ética la Iglesia Católica demuestra nuevamente su ineptitud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario